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Adaptación cinematográfica de Yerma (1998) dirigida por Pilar Távora |
YERMA.- [...] ¡María! ¿Por qué pasas tan deprisa por mi puerta?
MARÍA.- (Con un niño en brazos) Cuando voy con el niño lo hago... ¡Como siempre lloras!
YERMA.- Tienes razón. (Coge el niño y se sienta.)
MARÍA.- Me da tristeza que tengas envidia.
YERMA.- No es envidia lo que tengo, es pobreza.
MARÍA.- No te quejes.
YERMA.- ¡Cómo no me voy a quejar cuando te veo a ti y a las otras mujeres llenas por dentro de flores, y viéndome yo inútil en medio de tanta hermosura!
MARÍA.- Pero tienes otras cosas. Si me oyeras, podrías ser feliz.
YERMA.- La mujer de campo que no da hijos es inútil como un manojo de espinos, y hasta mala, a pesar de que yo sea este desecho dejado de la mano de Dios. (MARÍA hace un gesto como para tomar el niño.) Tómalo, contigo está más a gusto. Yo no debo tener manos de madre.
MARÍA.- ¡Por qué dices eso!
YERMA.- (Se levanta) Porque estoy harta. Porque estoy harta de tenerlas y no poderlas usar en cosa propia. Que estoy ofendida y rebajada hasta lo último, viendo que los trigos apuntan, que las fuentes no cesan de dar agua y que paren las ovejas cientos de corderos, y las perras, y que parece que todo el campo puesto de pie me enseña sus crías tiernas, adormiladas, mientras yo siento los golpes de martillo aquí, en lugar de la boca de mi niño.


