![]() |
Plano de la película Marie Antoniette (2006), de Sofía Coppola |
Hasta mediodía, la corte de Versalles nada sospecha del peligro de mil cabezas que marcha sobre ella. Como todos los días, el rey ha hecho ensillar su caballo de caza y ha salido a los bosques de Meudon; la reina, a su vez, se ha ido por la mañana temprano, a pie, a Trianón. ¿Qué va a hacer en Versalles, ese gigantesco palacio del que hace mucho han huido la corte y sus mejores amigos y adonde, al lado mismo, en la Asamblea Nacional, los factieux presentan todos los días nuevas y odiosas propuestas en su contra? Oh, está cansada de todas esas amarguras, ese luchar en el vacío, cansada del género humano, cansada incluso de ser reina. ¡Tan solo descansar, sentarse tranquila por unas horas, sin gente, muy lejos de toda la política, en el parque otoñal a cuyas hojas el sol de octubre da un tono cobrizo! Tan sólo coger las últimas flores de los macizos antes de que llegue el invierno, terrible, y quizá además dar de comer a las gallinas y a los peces chinos del pequeño estanque. Y luego descansar, descansar al fin de todas esas emociones y trastornos; no hacer nada, no querer nada más que sentarse con las manos relajadas en la gruta, vestida con un sencillo traje de mañana, con un libro abierto sobre el banco, sin leerlo, sentir el gran cansancio de la naturaleza y el otoño en su propio corazón.
Así pues la reina está sentada en la gruta, en un banco de piedra -hace mucho que ha olvidado que antaño se la llamó la "gruta del amor"-, cuando ve venir por el camino a una paje con una carta en la mano. Se levanta y avanza a su encuentro. La carta es del ministro Saint-Priest y anuncia que el populacho marcha hacia Versalles, la reina debe regresar inmediatamente a palacio. Rápidamente coge su sombrero y corre, con un paso que sigue siendo joven y ligero, probablemente tan aprisa que ya no vuelve la vista hacia el pequeño y querido palacio, y el paisaje artificial creado construido con tanto esfuerzo juguetón. ¡Cómo puede sospechar que ha visto por última vez en su vida esas suaves praderas, esas delicadas colinas con el templo del amor y el estanque artificial, su Hameau, su Trianón, que ésta ha sido la despedida para siempre!




