Escuchadme lamentar, personalmente,
A Enkidu, mi amigo
¡Estallar, como una plañidera,
En amargas lamentaciones!
¡Enkidu, hacha junto a mi costado,
Y refuerzo para mis brazos
¡Espada de mi vaina,
escudo delante de mí!
Mi vestido de gala
Y la capa de mis encuentros.
¡Una suerte cruel, de un solo golpe,
Te ha arrancado de mí!
¡Amigo mío, Mulo vagabundo,
Onagro del desierto
Pantera de la estepa!
Enkidu, amigo mío, Mulo vagabundo,
Onagro del desierto,
pantera de la estepa,
Con quien, de consuno,
He escalado la Montaña;
Capturado y dado muerte
Al Toro gigante;
Abatido a Humbaba,
Agazapado en el Bosque de los
Cedros;
Ahora, ¿qué es este sueño
Que se ha apoderado de ti?
¡De pronto, te has vuelto sombra
Y ya no me escuchas!
Pero Enkidu
Ni siquiera levantaba la cabeza.
Gilgamesh le palpó el corazón:



