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Ilustración de Miguel Navia para la edición de El fantasma de Canterville publicada por la editorial Reino de Cordelia |
De pronto, la señora Otis vio una mancha rojo mate en el suelo, junto a la chimenea, y, sin percatarse de lo que realmente significaba, le dijo a la señora Umney:
- Parece que algo se ha derramado ahí.
- Sí, señora -replicó en voz baja la vieja ama de llaves-, es sangre lo que se ha derramado en ese lugar.
- ¡Qué horror! -exclamó la señora Otis-. No me gustan en absoluto las manchas de sangre en el cuarto de estar. Hay que quitarla enseguida.
La anciana sonrió y contestó en el mismo y misterioso tono de voz.
- Se trata de la sangre de lady Eleanore de Canterville, asesinada ahí mismo por su propio marido, sir Simon de Canterville, en 1575. Sir Simon le sobrevivió nueve años y desapareció de repente en circunstancias muy misteriosas. Su cuerpo nunca fue hallado, pero su atormentado espíritu aún merodea por la mansión. La mancha de sangre ha sido muy admirada por los turistas y por otras personas, y no hay quien la quite.
- Todo eso es una tontería -exclamó Washington Otis-, el superdetergente quitamanchas "Campeón de Pinkerton" lo limpiará al instante- y, antes de que la aterrorizada ama de llaves pudiera intervenir, se había puesto de rodillas y estaba frotando vigorosamente el suelo con una barrita de lo que parecía un cosmético negro. En pocos instantes no quedaba ni rastro de la mancha.




