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Aquí encontrarás una selección accidental de textos literarios pertenecientes a obras clásicas de la Literatura universal. Sin otro criterio que el gusto y el azar seguidos por el profesor de Lengua Rafael Bermúdez Ortiz, el alumnado tiene la oportunidad de acercarse a algunos de los títulos y autores más célebres del canon literario occidental mediante este catálogo de citas, páginas y recortes. Ojalá disfruten tanto como el autor de su lectura.
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La telebasura según Ignatius


Ilustración de Miguel Brieva

La señora Reilly llenó hasta la mitad dos tazas de un café frío espeso y añadió leche hirviendo llenando las tazas hasta el borde.
            
-A Ignatius le encantan los buñuelos. Me dice «Mamá, me encantan los buñuelos» -la señora Reilly sorbió un poco en el borde e la taza. Y añadió-: Está ahí en la sala viendo la tele. Todas las tardes, no falla, ve ese programa en que bailan los niños.
            
La música se oía algo menos en la cocina. El patrullero Mancuso se imaginó la gorra verde de cazador bañada por el brillo blanquiazul de la pantalla de televisión.
            
-No le gusta nada el programa, pero no se lo pierde nunca. Tendría que oír usted lo que dice de esos pobres chicos.
            
-Hablé esta mañana con ese hombre -dijo el patrullero Mancuso, esperando que la señora Reilly hubiera agotado el tema de su hijo.
           
-¿Sí? -echó tres cucharadas de azúcar en su café y, sujetando la cuchara en su café en la taza con el pulgar de modo que el mango amenazaba con atravesarle el ojo, sorbió un poco más-. ¿Qué dijo, querido?
            
-Le expliqué  que había investigado el accidente y que usted patinó en la calle, que estaba mojada.
            
-Eso suena bien. ¿Y qué dijo él?
            
-Dijo que no quería recurrir al juzgado. Que prefería llegar a un acuerdo.
            
-¡Oh, Dios santo! -aulló Ignatius desde la parte delantera de la casa-. ¡Qué ofensa atroz al buen gusto!

Adormecidos por el reflejo azul

Por la noche, cuando sacó a Edward a dar su último paseo, Macon miró por las ventanas y vio personas desplomadas en sillones floreados, iluminadas por la luz temblona y azulada de sus aparatos de televisión. Los Orioles iban ganando el segundo partido de la Serie Mundial, pero esas personas parecían estar contemplando sus propios pensamientos y no el partido. Macon tuvo la sensación de ser arrastrado hacia abajo por ellos, de que le hacían andar pesadamente, ir cabizbajo, quedarse sin aliento. Hasta el perro parecía torpe y desanimado.


Pág. 146. El turista accidental (1985). Anne Tyler. Punto de Lectura