Bienvenidos

Aquí encontrarás una selección accidental de textos literarios pertenecientes a obras clásicas de la Literatura universal. Sin otro criterio que el gusto y el azar seguidos por el profesor de Lengua Rafael Bermúdez Ortiz, el alumnado tiene la oportunidad de acercarse a algunos de los títulos y autores más célebres del canon literario occidental mediante este catálogo de citas, páginas y recortes. Ojalá disfruten tanto como el autor de su lectura.
Mostrando entradas con la etiqueta Hogar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hogar. Mostrar todas las entradas

Una casa a la medida de nuestros proyectos


Portada de la edición española de Llenos de Vida, de la editorial Anagrama.

La casa era grande porque nuestros proyectos también lo eran. El primero ya estaba allí, un bulto en el vientre de la futura madre, un bulto en movimiento sinuoso, deslizante y escurridizo, como un nido de serpientes. En las horas tranquilas que precden a a la medianoche, pego la oreja al lugar y oigo un rumor como de arroyo: gorgoteos, succiones, chapoteos.


Pág. 9. Llenos de vida (1952). John Fante. Anagrama.

¿Qué pensaría un extraterrestre de nuestras urgencias?


William Hurt y Geena Davis protagonizaron la versión cinematográfica de El turista accidental (1988).

- Cuando te paras a pensarlo es gracioso -dijo ella-. Todo el tiempo que Alexander estuvo en la clínica parecía horrible, parecía que no iba a terminar nunca, pero ahora, cuando lo recuerdo, casi lo echo de menos. Tenía algo de acogedor, ahora lo veo. Pienso en las enfermeras cotilleando en la sala de enfermeras y en las hileras de camas con niños pequeños durmiendo. Era invierno y a veces me ponía a mirar por una ventana y me alegraba de estar segura y caliente. Veía la entrada de urgencias, un poco más abajo, y miraba llegar las ambulancias. ¿Te has preguntado alguna vez qué pensaría un marciano si aterrizase cerca de una sala de urgencias? Vería llegar una ambulancia a toda velocidad y que todo el mundo sale corriendo a recibirla, abren frenéticamente las puertas, agarran entre todos la camilla y se la llevan dentro a toda prisa. «Vaya -diría-, qué planeta tan solícito, qué criaturas tan amables y bondadosas.» No se maginaría que no siempre somos así; que tenemos que, bueno, dejar de lado nuestra forma de ser habitual para hacerlo. «Qué raza de seres tan bondadosos», diría un marciano. ¿No estás de acuerdo?


Págs. 234-235. El turista accidental (1985). Anne Tyler. Punto de Lectura.

El calor de Tiffany's


Fotograma de la versión cinematográfica de Desayuno con diamantes -en Tiffany's para la gran pantalla-,
dirigida por Blake Edwards en 1963.


[...] Oye, ¿sabes esos días en los que te viene la malea?
- ¿Algo así como cuando sientes morriña?
- No -dijo lentamente-. No, la morriña te viene porque has engordado o porque llueve muchos días seguidos. Te quedas triste, pero nada más. Pero la malea es horrible. Te entra miedo y te pones a sudar horrores, pero no sabes de qué tienes miedo. Sólo que va a pasar alguna cosa mala, pero no sabes cuál. ¿Has tenido esa sensación?
- Muy a menudo. Hay quienes lo llaman angst.
- De acuerdo. Angst. Pero ¿cómo le pones remedio?
- No sé, a veces ayuda una copa.
- Ya lo he probado. También he probado con aspirinas. Rusty opina que tendría que fumar marihuana, y lo hice, una temporada, pero sólo me entra la risa tonta. He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany's. Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así no podría ocurrirte nada malo, sería imposible, en medio de todos esos hombres con los trajes tan elegantes, y ese encantador aroma a plata y a billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany's, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato.


Pág. 39. Desayuno en Tiffany's (1958). Truman Capote. Anagrama



Escena inicial de Desayuno con diamantes (1961, Blake Edwards), versión cinematográfica del libro de Truman Capote. La banda sonora corrió a cargo de Henry Mancini.

La casa que soy


Desde el puente de Williamsburg (1928). Edward Hopper.

Siempre me siento atraído por los lugares en donde he vivido, por las casas y los barrios. Por ejemplo, hay un edificio de roja piedra arenisca en la zona de las Setenta Este donde, durante los primeros años de la guerra, tuve mi primer apartamento neoyorquino. Era una sola habitación atestada de muebles de trastero, un sofá y unas obesas butacas tapizadas de ese especial y rasposo terciopelo rojo que solemos asociar a los trenes en día caluroso. Tenía las paredes estucadas, de un color tirando a esputo de tabaco mascado. Por todas partes, incluso en el baño, había grabados de ruinas romanas que el tiempo había salpicado de pardas manchas. La única ventana daba a la escalera de incendios. A pesar de estos inconvenientes, me embargaba una tremenda alegría cada vez que notaba en el bolsillo la llave de este apartamento; por muy sombrío que fuese, era, de todos modos, mi casa, mía y de nadie más, y la primera, y tenía allí mis libros, y botes llenos de lápices por afilar, todo cuanto necesitaba, o eso me parecía, para convertirme en el escritor que quería ser.


Pág. 9. Desayuno en Tiffany's (1958). Truman Capote. Anagrama