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Aquí encontrarás una selección accidental de textos literarios pertenecientes a obras clásicas de la Literatura universal. Sin otro criterio que el gusto y el azar seguidos por el profesor de Lengua Rafael Bermúdez Ortiz, el alumnado tiene la oportunidad de acercarse a algunos de los títulos y autores más célebres del canon literario occidental mediante este catálogo de citas, páginas y recortes. Ojalá disfruten tanto como el autor de su lectura.
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Al amor por la palabra


Fuego en el cuerpo
(1981), de Lawrence Kasdan


Las dos hermanas habían tenido ya sus experiencias amorosas cuando estalló la guerra y las obligaron a regresar a casa apresuradamente. Ninguna de las dos se había enamorado de un joven a menos que hubiese buena comunicación verbal. O sea, a menos que los dos se hubieran sentido profundamente interesados HABLÁNDOSE. La asombrosa, la honda, la increíble emoción consistía en conversar apasionadamente con algún joven en verdad inteligente, hora tras hora, y reanudar esa conversación día tras día durante meses…, ¡de esto no se habían dado cuante hasta que sucedió! Jamás se formuló la promesa paradisíaca: ¡Tendrás hombres con quienes hablar! Antes de que se diesen cuenta de lo maravillosa que era la promesa, se había cumplido ya.
 
Y si después de surgir la intimidad con estas discusiones vivas y animadas se hacía más o menos inevitable el acto sexual, entonces accedían. Ello marcaba el fin de un capítulo. Tenía su propia emoción también: era una emoción extraña, vibrante, dentro del cuerpo, un espasmo final de autoafirmación, como la última palabra, excitante y muy parecida a la fila de asteriscos que se pone para indicar el fin de un párrafo y un cambio de tema.


David Herbert Lawrence. El amante de Lady Chatterley

¿Hay deleite sin compañía?


Portada de la edición de La Celestina publicada en 150 (ca.)


PARMENO.- Mucho segura es la mansa pobreza.

CELESTINA.-Mas di, como Marón (Publio Virgilio Marón), que la fortuna ayuda a los osados. Y demás de esto, ¿quién es que tenga bienes en la república que escoja vivir sin amigos? Pues, loado Dios, bienes tienes. ¿Y no sabes que has menester amigos para los conservar? Y no pienses que tu privanza con este señor te hace seguro; que cuanto mayor es la fortuna, tanto es menos segura. Y por tanto, en los infortunios el remedio es a (está en) los amigos. ¿Y a dónde puedes ganar mejor este deudo que donde las tres maneras de amistad concurren, conviene a saber: por bien y provecho y deleite? Por bien, mira la voluntad de Sempronio conforme a la tuya, y la gran similitud que tú y él en la virtud tenéis. Por provecho, en la mano está, si sois concordes. Por deleite, semejable es, como seáis en edad dispuestos para todo linaje de placer, en que más los mozos que los viejos se juntan: así como para jugar, para vestir, para burlar, para comer y beber, para negociar amores, juntos de compañía. ¡Oh, si quisieses, Pármeno, qué vida gozaríamos! Sempronio ama a Elicia, prima de Areúsa.