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Aquí encontrarás una selección accidental de textos literarios pertenecientes a obras clásicas de la Literatura universal. Sin otro criterio que el gusto y el azar seguidos por el profesor de Lengua Rafael Bermúdez Ortiz, el alumnado tiene la oportunidad de acercarse a algunos de los títulos y autores más célebres del canon literario occidental mediante este catálogo de citas, páginas y recortes. Ojalá disfruten tanto como el autor de su lectura.
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Si yo fuera normal...


Adaptación cinematográfica de Yerma (1998) dirigida por Pilar Távora

YERMA.- [...] ¡María! ¿Por qué pasas tan deprisa por mi puerta?

MARÍA.- (Con un niño en brazos) Cuando voy con el niño lo hago... ¡Como siempre lloras!

YERMA.- Tienes razón. (Coge el niño y se sienta.)

MARÍA.- Me da tristeza que tengas envidia.

YERMA.- No es envidia lo que tengo, es pobreza.

MARÍA.- No te quejes.

YERMA.- ¡Cómo no me voy a quejar cuando te veo a ti y a las otras mujeres llenas por dentro de flores, y viéndome yo inútil en medio de tanta hermosura!

MARÍA.- Pero tienes otras cosas. Si me oyeras, podrías ser feliz.

YERMA.- La mujer de campo que no da hijos es inútil como un manojo de espinos, y hasta mala, a pesar de que yo sea este desecho dejado de la mano de Dios. (MARÍA hace un gesto como para tomar el niño.) Tómalo, contigo está más a gusto. Yo no debo tener manos de madre.

MARÍA.- ¡Por qué dices eso!

YERMA.- (Se levanta) Porque estoy harta. Porque estoy harta de tenerlas y no poderlas usar en cosa propia. Que estoy ofendida y rebajada hasta lo último, viendo que los trigos apuntan, que las fuentes no cesan de dar agua y que paren las ovejas cientos de corderos, y las perras, y que parece que todo el campo puesto de pie me enseña sus crías tiernas, adormiladas, mientras yo siento los golpes de martillo aquí, en lugar de la boca de mi niño.

Don Juan Tenorio


Fotograma de la versión televisiva de Don Juan Tenorio realizada por TVE en 1966.
Francisco Rabal y Concha Velasco interpretaron al galán y a doña Inés, respectivamente.

Contexto: El diálogo entre don Juan y doña Inés es una de las escenas más famosas del teatro español. El protagonista ha apostado a su rival, don Luis Mejías, que conquistará en una sola noche a dos mujeres: la futura esposa de Mejías y una novicia, doña Inés, antigua prometida de don Juan. Éste acude al convento de Inés y, con la ayuda de su criada Brígida, la rapta y la lleva a su hacienda. Allí despierta y cree que ha sido rescatada de un incendio por don Juan.

Fragmento I

- DON JUAN:
[…] Cálmate, pues, vida mía;
reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento,
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse a no verlas
de sí mismas al calor,
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh! sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

Luces de invierno


Fotograma de Fanny y Alexander (1982), film de Ingmar Bergman basado en sus recuerdos de infancia.

(...) Yo viví lo mejor de mi infancia en casa de mi abuela. Me trataba con áspera ternura e intuitiva comprensión. Habíamos creado, entre otras cosas, un ritual que ella jamás traicionó. Antes de la cena nos sentábamos en su sofá verde. Allí «dialogábamos» durante una hora más o menos. Abuela hablaba del Mundo, de la Vida y también de la Muerte (que ocupaba bastante mis pensamientos). Quería saber lo que yo pensaba, me escuchaba atentamente, se saltaba mis pequeñas mentiras o las apartaba con amable ironía. Me dejaba hablar como una persona auténtica, completamente real, sin disfraces. 

Nuestros «diálogos» están siempre envueltos en atardecer, confianza, noche invernal.